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Después de los debates de la semana pasada sobre nuestra presencia en el área, esta semana nos hemos puesto al día con documentación y misceláneos.

Después de los debates de la semana pasada sobre nuestra presencia en el área, esta semana nos hemos puesto al día con documentación y misceláneos. Para mí, eso significa actualizar descripciones de puestos, renovar contratos, archivar facturas, responder e-mails y la tradicional revisión de la base de datos de recursos humanos cada sábado.

Para el equipo médico, ponerse al día implica revisar nuestras cuentas médicas del personal y para el equipo de logística es trabajar en la casa, oficina, bomba de agua y los sitios de las clínicas del campamento con reparaciones atrasadas. Nuestro coordinador de proyecto ha estado sobre nosotros para cumplir con nuestras fechas límite y actualizar el cronograma de actividades que elaboré para llevar un registro de todos nuestros proyectos. Sin embargo, ponerse al día duró hasta que recibimos la visita de esta semana de N’Djamena – nuestro coordinador de recursos humanos.

Entre las caóticas emergencias a las que MSF rápidamente se despliega, me sorprende la habilidad de dar seguimiento al desarrollo de talento. Nuestro coordinador de recursos humanos llegó con los informes del fin de misión de administradores previos y coordinadores de proyecto para asegurar que los empleados talentosos tuvieran seguimiento y auditar muchas otras actividades. Una gran parte del tiempo y papeleo se dedica a identificar, evaluar y dar seguimiento al personal talentoso.

Muchas de mis historias de colegas expatriados a menudo incluyen relatos de tal o cual miembro del staff de MSF que comenzó desde abajo como guardia nocturno, higienista o jornalero y trabajó para ganarse posiciones mayores en su país natal, misiones de expatriados en el extranjero y capacitaciones en Europa. De hecho, nuestro doctor de Madagascar comenzó siendo staff nacional en la República Centroafricana (CAR) y ganó el puesto de expatriado en Mali antes de venir a Chad.

A lo largo de mis primeras cuatro semanas, he colaborado con chadianos muy talentosos que para el final de nuestra misión tendrán amplia experiencia para solicitar otros trabajos dentro de MSF. Sin embargo, los caminos de desarrollo profesional varían y, de manera similar a las grandes organizaciones, las oportunidades dependen de las vacantes que surgen a un ritmo incierto dada la naturaleza de nuestro trabajo. Mientras tanto, he aprovechado mi frañol (combinación de francés y español) para charlar y bromear informalmente con nuestro staff para comprender sus ambiciones y asegurar que sean adecuadamente involucrados, motivados y evaluados para prepararlos mejor para el futuro. En consecuencia, se han desenvuelto muchas conversaciones interesantes y entretenidas, incluyendo historias de la burocracia de empleos previos, prospectos de empleo en yacimientos petroleros de Nigeria, minas en Angola y mantener unida a la familia durante largos contratos expatriados en el extranjero. Obviamente esto hace que los largos caminos conduciendo con cualquiera de ellos sean viajes sensacionales.

Conforme agarra vuelo la vida diaria, también así las diligencias cotidianas. Para un corte de pelo muy necesario le pedí a mi coordinador marfileño que me ayudara con la máquina pero a la mitad del proceso tronó el convertidor de voltaje. Mientras nos dirigíamos al barbero local, nuestro doctor nos recordó llevar desinfectante para la máquina del barbero.

No soy un experto en barberías ni barberos en África así que supe que sería un viaje interesante: un marfileño y un mexicano entran al barbero y… efectivamente, es toda una escena porque ninguno de los dos habla ngambay (el idioma local). Intentamos negociar el precio, desinfectar la máquina y explicar dónde/cómo cortar. Al final, nos enlazamos en una discusión con el dueño (un tipo de pequeña estatura con un peinado perfecto a los lados y una zona calva a lo largo de toda la parte media que constantemente se acicala las patillas con las palmas) acerca de un aumento en el precio al último minuto debido al color de mi piel.

Mi coordinador de proyecto (CP) marfileño se rehusó a aceptar el aumento por mi bien pero al final cedí y pagué para continuar nuestro camino.  Mientras mi CP sintió que fui estafado, no tuve más opción que reír y recordarle que todo destino trata igual a los extranjeros y Gore tiene un montón de Organizaciones No Gubernamentales (ONG) que han contribuido al incremento en los precios de mercado. (De hecho, nuestro jefe de logística me dice que Ndjamena es la segunda ciudad a nivel mundial después de Tokio en términos del costo de vida frente la paridad del poder de adquisición, ojalá un lector pueda aclararlo).

Hablando de diligencias cotidianas, el personal de nuestra casa me sorprendió gratamente esta semana. Primero, los encargados de la cocina, limpieza y guardia nos advirtieron que el pescado que hemos estado comiendo causa ‘malestares digestivos’ - por no ser más descriptivo. Creyeron que fue coincidencia que hayamos comprado el mismo pescado durante un par de días pero ahora están convencidos de que Mama Poisson está jugando sucio. Están listos para venir al rescate y confrontar a Mama P el martes próximo.

Segundo, la persona encargada de la limpieza logró lavar mi ropa hasta quitarle el aroma a chimichurri. ¿Chimichurri? Sí, la marinada argentina usada en carnes y preparada principalmente con aceite y perejil (¿entre otras cosas?) que mi amigo en LA me dio para el viaje y que explotó en mi maleta durante el vuelo. Pasé las primeras horas a mi llegada lavando y el aroma aún persistía más allá de estas últimas cuatro semanas. Pero podría haber sido mucho peor. Antes de salir de LA, estuve hojeando un libro (Dangerous Places de Robert Young) que otro amigo me dio y usé el consejo de empacar todo el contenido de la maleta en bolsas para la basura; esto limitó la cantidad de chimichurri que mi ropa interior y equipo para correr absorbieron – los únicos artículos que no estaban dentro de bolsas, por alguna extraña razón. No hace falta decir que estoy eufórico de estar libre de olores.

Aparte del timo en el corte de pelo y la estafa de Mama P, Gore es un pueblo silencioso y tranquilo. Un día, caminamos de regreso a casa después del trabajo y los niños del vecindario gritaron ‘Medicins Sans Frontieres’. Al principio creí que nos reconocieron por nuestros movimientos diarios a bordo de nuestras camionetas o porque salimos a correr temprano en las mañanas.  Pero olvidaba que soy el único en el pueblo con la jersey de México con un termo y mate en la mano mientras camino al lado de un marfileño que mide 1.8 metros de altura y usa un chaleco de MSF.

El domingo libre, hoy incluirá un equipo para volver a repasar la logística de futuros proyectos y agosto ya no tarda en llegar.